Así de simples las cosas porque cuando se ama se ama y cuando se deja de amar se deja de amar y todo el alboroto alrededor no debería entrar en esa categoría sí unos cuantos peldaños más abajo la culpa el miedo la pena la compasión esa ilusión de un día de un amor posible porque alguien tuvo la genial idea de que en ese lago se vería muy bien una pareja de cisnes o de patos no importaba mientras fuera una pareja o porque el sol brillaba y segundos después la lluvia abría pequeños círculos en el agua donde cabía la secreta esperanza de tener siquiera una leve similitud con el hombre que miraba como sus hijos sentados a cada extremo de la tabla de madera subían bajaban alternadamente combinaban gritos exaltación carcajadas y la mujer a su lado dejaba por un momento el diario levantaba la vista miraba a su alrededor y sonreía porque todo estaba en su lugar justo allí donde un día lo había imaginado incluso con ese mismo sol que ahora los iluminaba y los volvía aún más resplandecientes o que le pegaba directo en los ojos obligándola a improvisar con la mano una viscera a fruncir el ceño nunca por capricho sino para confirmar que aquello no era un sueño que era tan real acaso el punto más alto en la escala de su felicidad o el instante en el que se consagró el principio de tamaña confusión. Uno sólo anhela ser algo.
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