Felatio

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Did I say that out loud?

Evidencia

Porque al pretender que llene con palabras cada acto postergado, hastía tu omnipresencia. Y en la ausencia, declamar “extraño” o “besos”, son una emboscada al corazón.

Porque al esperar que me acerque lo suficiente como para que me sepas cerca, pero no tanto, para preservar la nobleza e integridad del amor, auspiciás una ridícula perfección.

No hay tal presente. Sólo las imágenes que quedaron flotando. Estertores que se ligan en una frase futura e imposible.

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En tránsito

Por esa época empecé a sentir una gran devoción por ciertas frases que se cruzaban en mi camino y que hacían referencia a la aceptación de la vida. Todas apuntaban a entregarse al mismo principio: no había mejor fórmula que aceptar la idea de que había un camino y que había que recorrerlo, como profesaba el Sattipatahana-Sutta. O como decía esa otra frase, más mundana e igual de condenatoria, que salió de los parlantes del planetario: el universo es el único lugar que hay, y ni siquiera fue creado para nosotros.

Eran ideas de una carga furiosa y de un humor tranquilizador. Me devolvían de ese lado oscuro en el que solía acomodarme para cuestionarlo todo. En aquel lado todo debía tener un sentido superior y el tránsito por este mundo debía significar, dejar una marca. Algo en mi sabía que si lograba apropiarme de esas frases la vida se volvería un poco más liviana. Ya no habría que buscar sentidos mayores, profundos. La vida estaba aquí, era esto y sin demasiadas explicaciones había que recorrerla.

Podía perder el tiempo cavilando sobre las cosas que debían suceder o simplemente avanzar aceptando que  teníamos un mínimo control sobre los eventos, que los pequeños actos nos arrastraban componiendo y dándole sentido al todo y que, al fin de cuentas, no podía ser tan malo dejarse llevar.

No estábamos en tránsito, lo que pasaba, realmente estaba ocurriendo.

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Sabiduría

No me correspondía a mi decir cuán enamorado estaba. No cabía en mis posibilidades. Ni siquiera un tiempo después de que ella me confesara su amor, era capaz de asumir el estado en el que me encontraba. De repente volví a sentir celos y la inseguridad creció. Si alguien delante de ella decía algo interesante, me sentía con la obligación de decir algo más ingenioso. O en el peor de los casos, disparar una broma lo suficientemente ácida como para neutralizar el otro aporte. Volví a palpar la ansiedad. Volví a sentir cómo el tiempo se encogía. Y ni siquiera hablo de sexo. Mis ojos se daban vuelta cuando me masturbaba pensando en ella, o quería golpearme la cabeza contra la pared cuando me chupaba. Por momentos me atacaba un impulso incontrolable; necesitaba pegarle. La tomaba fuerte de la cara, le daba un beso y luego una cachetada sonora. Por primera vez sentía el deseo de lastimar físicamente a alguien. Quería apretarle los brazos hasta traspasarle la carne y perforar el hueso. Clavarle la dentadura en el hombro. Ella sonreía. Se quejaba del dolor con una sonrisa. Frotaba la mano sobre la marca de mis dientes y sonreía. Reaccionaba como si supiera lo que tenía que hacer para que me entregara un poco más, un poco más, un poco más.

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Lo sabía

antes de besarte
cuando te conocí un poco mejor
si en algún momento imaginé un beso
supe que sería lindo

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