Hoy como pocas veces, leve. No me persiguen nombres, ni me asaltan recuerdos indelebles. A nadie debo, ni me deben. No espero, tampoco me esperan. No hay culpas o remordimientos. No me asaltan preguntas sin respuesta. Nadie no me ama y no tengo a quien no amar.
A ratos me confunde una vaga nostalgia. Un abrazo. Una palabra. Una siesta después del sexo. Los pies cruzados. El tibio sol.
Listo para repoblarme, pregunto: ¿Quién es tu nombre indolente? ¿Cuánta la nueva desilusión?
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