Alguna vez soñó con ser un reconocido cantautor pero no era más que un precoz exhibicionista que tomaba largos baños de imersión delante de su abuela, mientras tarareaba alguna canción de Serrat. “Vení, vení abuela que te canto algo”, le gritaba desde el baño con el pitulín en la mano.
P. Es cierto que de niño amenazabas a tu mamá, diciéndole que te ibas a ir de tu casa?
R. No sólo la amenazaba. Me fui de mi casa varias veces pero siempre volví. Creo que era una suerte de catarsis. Salir a la calle, empezar a caminar sin rumbo fijo hasta cansarme. La bronca se iba agotando y las ganas de volver aparecían. Además vivía en un barrio muy feo, de modo que los estímulos a irme de casa eran muy bajos. Y no conocía otra cosa. No conocía la Recoleta, por ejemplo. Si en ese momento hubiera conocido la Recoleta, quizá me hubiera ido. Pero la verdad es que llegaba caminando hasta una estación de servicio de gas natural, pasando los monoblocks y ahí pegaba la vuelta. Nunca tube los cojones para irme.
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